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Teoría › Épocas y compositores › Siglo XX: dodecafonismo, neoclasicismo y vanguardias

Lección 8 de 9 · Épocas y compositores

Siglo XX: dodecafonismo, neoclasicismo y vanguardias

Orientarse entre las corrientes del siglo XX y reconocer a sus compositores principales.

Nivel 4Rinde pronto

Está en el repertorio contemporáneo de cualquier orquesta y en los temarios de oposición, y exige técnicas que no se aprenden en otro sitio.

Empecemos por lo obvio

El siglo XX no tiene un lenguaje, tiene varios a la vez y en conflicto. Lo que une a todo el periodo es una pregunta: una vez que la tonalidad ha dejado de ser obligatoria, con qué se organiza la música. Cada corriente responde de una manera distinta.

El punto de partida: la tonalidad deja de ser necesaria

Hacia 1908, Schönberg empieza a escribir música sin centro tonal, lo que él llamaba pantonal y nosotros atonal. El problema inmediato es la forma: si ya no hay modulaciones ni cadencias, no hay manera de delimitar secciones ni de crear tensión y reposo. Las corrientes del siglo son, en el fondo, distintas soluciones a ese problema estructural.

Dodecafonismo y serialismo

Schönberg propone hacia 1921 un método: ordenar las doce notas de la escala cromática en una serie, usarla completa antes de repetirla, y derivar todo el material de esa serie y de sus transformaciones —inversión, retrogradación, retrogradación de la inversión— y de sus doce transposiciones. Es un sistema de organización, no un estilo: garantiza coherencia interna sin recurrir a la tonalidad. Después de la Segunda Guerra, la generación de Boulez y Stockhausen extiende el principio al ritmo, la dinámica y el timbre, y eso es el serialismo integral.

Neoclasicismo

La respuesta opuesta: en vez de inventar un sistema nuevo, recuperar las formas y la claridad del XVIII y rellenarlas con un lenguaje moderno. Stravinski lo practica durante treinta años, y con él Hindemith, 1895–1963, Prokófiev en parte, y toda la escuela francesa de los años veinte. Los rasgos son reconocibles: texturas transparentes, ritmos marcados, armonía con disonancias pero con centro tonal percibible, y una ironía deliberada en el uso de lo antiguo.

Qué pide al intérprete

Precisión rítmica absoluta: en esta música el ritmo suele ser el principal elemento estructural y los cambios de compás son constantes. Lectura muy atenta de indicaciones poco habituales, porque cada compositor inventa las suyas. Técnicas extendidas: pizzicatos de distintos tipos, golpes de arco inusuales, armónicos, sonidos sobre el puente, multifónicos en viento. Y una renuncia al automatismo expresivo: aquí el vibrato o el rubato se ponen donde el compositor dice y no donde la costumbre pide.

Ígor Stravinski, 1882–1971

El compositor que cambió de lenguaje tres veces y acertó las tres. En su periodo ruso, hasta 1920, su peculiaridad es el ritmo: acentos impredecibles, compases que cambian cada compás, superposición de capas rítmicas independientes, y una orquesta tratada con violencia percusiva. La Consagración de la primavera, de 1913, provocó el escándalo más famoso de la historia del género. Después vino su etapa neoclásica, y al final de su vida, pasados los setenta años, adoptó el serialismo que había despreciado durante décadas.

Schönberg, 1874–1951, Berg, 1885–1935, Webern, 1883–1945

La Segunda Escuela de Viena, tres compositores con el mismo sistema y resultados irreconocibles entre sí. Schönberg mantiene una retórica expresiva de raíz romántica y obras de dimensiones amplias. Berg es el más accesible: usa series que permiten oír acordes casi tonales, cita material tonal deliberadamente y escribe con una sensualidad que el sistema no parecía permitir; su Wozzeck es la ópera más representada del grupo. Webern es el opuesto: concentración extrema, obras de dos minutos, texturas de puntos de sonido aislados, silencio como material, y una economía que influyó decisivamente en la vanguardia de los cincuenta.

Bartók, 1881–1945

Su peculiaridad es la síntesis entre investigación etnomusicológica y construcción rigurosa: recopiló miles de melodías populares húngaras, rumanas y eslovacas sobre el terreno, y de ellas extrajo escalas modales, ritmos asimétricos y giros melódicos que organizó con una simetría formal casi matemática. Su lenguaje es disonante y profundamente arraigado a la vez, lo que lo deja fuera de las etiquetas habituales. Para la cuerda, sus cuartetos ampliaron el catálogo de recursos técnicos como ninguna otra obra del siglo.

Prokófiev, 1891–1953, y Shostakóvich, 1906–1975

Los dos grandes soviéticos, con trayectorias marcadas por la presión política. Prokófiev combina melodías de una claridad casi clásica con disonancias ácidas y una escritura motora, metálica, reconocible en dos compases. Shostakóvich construye sinfonías largas de contraste extremo, con marchas grotescas, adagios de desolación sostenida y una ambigüedad deliberada en el tono, que ha dado lugar a una discusión interminable sobre qué celebra y qué denuncia realmente cada obra. Su escritura de cuerda es exigente y expuesta, con solos larguísimos en registro agudo.

Messiaen, Britten y las vanguardias de posguerra

Messiaen, 1908–1992, construye un sistema propio: modos de su invención, ritmos basados en valores añadidos y en estructuras no métricas, transcripciones de cantos de pájaros y una motivación religiosa explícita. Britten, 1913–1976, es el gran nombre inglés, con un lenguaje tonal personal y una relación con la voz y con el texto comparable a la de Purcell. Después de 1950 llegan el serialismo integral de Boulez y Stockhausen, la música aleatoria de Cage, 1912–1992, que incorpora el azar y el silencio como material, las texturas de masa de Ligeti, 1923–2006, y Penderecki, y a partir de los sesenta el minimalismo de Reich y Glass, que vuelve a la repetición y al pulso constante como reacción a todo lo anterior.

Cómo orientarse entre tantas corrientes

Con dos preguntas. Primera: ¿hay un centro tonal perceptible? Si lo hay, estás en neoclasicismo, nacionalismo del siglo XX o minimalismo; si no, en atonalidad libre, dodecafonismo o serialismo. Segunda: ¿el ritmo tiene pulso audible? Si lo tiene, Stravinski, Bartók, Prokófiev o minimalismo; si no, Webern, Boulez, Ligeti. Con esas dos preguntas se sitúa casi cualquier obra del siglo en el cuadrante correcto.

Dónde te lo vas a encontrar tocando

Los pasajes de siglo XX en una audición miden sobre todo ritmo y lectura: cambios de compás, subdivisiones irregulares y técnicas de arco poco habituales. Se falla por imprecisión, casi nunca por sonido.

Práctica de ritmo irregular y técnicas

Práctica de teoría · sin instrumento

Un pasaje del siglo XX con cambios de compás y, a ser posible, técnicas extendidas.

  1. Marca la subdivisión constante por debajo de los cambios de compás y cuéntala en voz alta.
  2. Toca el pasaje con metrónomo a la subdivisión, no al pulso.
  3. Aísla cada técnica poco habitual y trabájala fuera del contexto.
  4. Devuélvelas al pasaje y comprueba la precisión con grabadora.

Cómo se corrige. Compara tu grabación con el metrónomo a la subdivisión; en esta música la desviación rítmica se oye antes que cualquier otro defecto.

Curiosidades

Nada de esto hace falta para tocar tu instrumento. Está aquí porque explica el porqué de lo anterior, o porque a mucha gente le pica la curiosidad. Sáltatelo sin ningún problema.

El escándalo de 1913 no fue solo por la música

El estreno de la Consagración de la primavera provocó una pelea en el teatro, pero las crónicas señalan que buena parte del rechazo iba contra la coreografía de Nijinsky, deliberadamente antiacadémica. La obra se tocó un año después en versión de concierto y fue un éxito sin incidentes.

El dodecafonismo no suena a nada en particular

Es un método de organización, no un estilo, y por eso obras construidas con el mismo sistema pueden sonar completamente distintas: compara Berg con Webern. Es el error más frecuente al hablar del asunto, y conviene tenerlo claro en un examen.

Hay compositores que no caben en ninguna etiqueta

Janáček, Villa-Lobos, Charles Ives o Nino Rota escribieron en lenguajes personales que no encajan en las corrientes al uso. La historia de la música del siglo XX que se cuenta en los manuales es, en buena medida, la de quienes formaron escuela, y eso deja fuera a bastante gente que se toca mucho.

Si te has perdido

Si el panorama te abruma, trabájalo por obras y no por corrientes: escucha cinco piezas clave del siglo y aprende a reconocerlas. Las etiquetas se colocan después, con más facilidad de la que parece.

Criterio para superarla

Un pasaje del siglo XX con la subdivisión controlada y las técnicas aisladas y resueltas.

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