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Lección 4 de 9 · Épocas y compositores
Clasicismo: claridad, periodo y sonata
Reconocer el lenguaje clásico y diferenciar a Haydn, Mozart y el primer Beethoven.
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Es la época que más se pide en audiciones y la que menos tolera imprecisiones de tempo o de afinación.
Empecemos por lo obvio
Después de la densidad barroca llega una música que busca lo contrario: frases simétricas, armonía sencilla, texturas aireadas y una forma tan clara que se puede seguir sin esfuerzo. Parece fácil de tocar y es la más implacable de todas.
Cuándo y por qué
Aproximadamente de 1750 a 1800, con una prolongación que llega hasta la muerte de Beethoven en 1827. El cambio responde a un gusto nuevo: el público burgués quiere música que se entienda a la primera, con melodías memorables y sin artificios contrapuntísticos. La transición la hacen Carl Philipp Emanuel Bach, 1714–1788, con su estilo sensible y sus cambios bruscos de carácter, y Gluck, 1714–1787, que simplifica la ópera.
El lenguaje: la frase manda
La unidad de construcción es el periodo: una frase antecedente que plantea y termina en semicadencia, y una consecuente que responde y cierra con cadencia perfecta, casi siempre en cuatro más cuatro compases. La armonía se reduce a lo esencial, con predominio de tónica y dominante y modulaciones a tonalidades vecinas. Y las modulaciones pasan a tener función formal: delimitan secciones.
La forma sonata y el cuarteto
La forma sonata se convierte en el molde de los primeros movimientos, y el esquema de cuatro movimientos —rápido, lento, minueto, final— en el de la sinfonía y el cuarteto. El cuarteto de cuerda nace aquí como género y se convierte en el laboratorio del estilo: cuatro voces iguales, sin bajo continuo, obligadas a repartirse melodía y acompañamiento.
Textura, plantilla y el fin del continuo
Domina la melodía acompañada, con acompañamientos de fórmula: bajo de Alberti, repeticiones de acorde, escalas. El bajo continuo desaparece, porque la armonía ya está escrita en las partes: ese es uno de los cambios más concretos entre Barroco y Clasicismo. La orquesta se estabiliza en unos treinta y cinco músicos con vientos a dos, y el piano sustituye al clave.
Qué pide al intérprete
Tempo rigurosamente estable, porque la simetría de las frases es el efecto y el rubato la destruye. Sonido ligero y transparente, con vibrato moderado. Articulación muy diferenciada entre lo ligado y lo separado, que aquí está escrito y significa algo. Y precisión absoluta en los acompañamientos de fórmula, que son los que delatan a una orquesta: un bajo de Alberti desigual arruina el pasaje más que una nota mal afinada.
Joseph Haydn, 1732–1809
El que inventó buena parte del vocabulario. Su peculiaridad es el ingenio formal: juega con las expectativas del oyente, retrasa resoluciones, interrumpe frases, introduce silencios donde no se esperan y resuelve con humor. Construye movimientos enteros a partir de un motivo mínimo, y en eso es más radical que Mozart. Escribió ciento cuatro sinfonías y sesenta y ocho cuartetos, y en ellos el minueto es campesino y rotundo, no cortesano. Tocarlo bien exige atención a las sorpresas: si se toca como si todo fuera regular, desaparece lo que lo hace Haydn.
Wolfgang Amadeus Mozart, 1756–1791
Su peculiaridad es la melodía vocal aplicada a todo, también a los instrumentos: frases que respiran como cantantes, con apoyos y resoluciones que hay que frasear como se frasearía un aria. Armónicamente es más audaz que Haydn en los momentos cromáticos, y mucho más dado a los medios tonos expresivos y a los pasajes en menor de una tristeza concreta. Su textura es transparente hasta la crueldad: no hay nada que tape nada, y cualquier defecto se oye. En orquesta, Mozart es la prueba de afinación y de uniformidad de arco más temida.
Ludwig van Beethoven, 1770–1827
Clásico de formación y detonante del romanticismo. Su peculiaridad es la construcción a partir de células mínimas, llevada más lejos que en Haydn, y una ampliación brutal de las dimensiones: desarrollos larguísimos, codas que son segundos desarrollos, sinfonías que duran el doble. Sustituye el minueto por el scherzo, exige dinámicas extremas y contrastes bruscos, y trata la disonancia como tensión acumulable. En su último periodo escribe fugas dentro de cuartetos y sonatas, volviendo al contrapunto por un camino propio. Tocarlo pide energía rítmica y aguante: el problema nunca es la nota, es la tensión sostenida.
Qué los diferencia en la práctica
Si una frase te sorprende y te hace sonreír, probablemente es Haydn. Si te pide cantarla y te preocupa el apoyo de cada nota, es Mozart. Si te deja agotado y lo que cuenta es el empuje acumulado, es Beethoven. Son tres contemporáneos que se conocieron, se admiraron y escribieron en el mismo idioma con tres acentos completamente distintos.
Dónde te lo vas a encontrar tocando
La Sinfonía nº 39 de Mozart está en tu lista y es un clásico de las audiciones precisamente porque mide lo que mide: afinación expuesta, uniformidad de arco y estabilidad de tempo.
Práctica de periodo y acompañamiento
Práctica de teoría · sin instrumento
Un movimiento clásico estudiado, metrónomo y grabadora.
- Marca en la partitura los periodos: antecedente, consecuente y sus cadencias.
- Toca solo los compases de acompañamiento de fórmula con metrónomo, buscando igualdad absoluta.
- Frasea el tema como lo cantaría una voz, anotando dónde respiras.
- Grábate y comprueba la estabilidad de tempo entre el principio y el final.
Cómo se corrige. Mide con metrónomo si el tempo del final coincide con el del principio, y escucha si los acompañamientos de fórmula suenan completamente iguales.
Curiosidades
Nada de esto hace falta para tocar tu instrumento. Está aquí porque explica el porqué de lo anterior, o porque a mucha gente le pica la curiosidad. Sáltatelo sin ningún problema.
El clasicismo no se llamaba así
Haydn, Mozart y Beethoven no se consideraban clásicos: la etiqueta se la pusieron los románticos del XIX para distinguirse de ellos. Y el término viene además cargado de un juicio de valor —lo clásico como lo modélico— que explica por qué esta música se convirtió en la base de la enseñanza y sigue siéndolo.
El minueto se dirige en uno
Está escrito en tres por cuatro, pero a partir de Beethoven el scherzo se mueve tan rápido que el compás funciona como una sola pulsación. Es un caso claro de distancia entre lo escrito y lo real, y de por qué el análisis rítmico hay que completarlo escuchando.
Si te has perdido
Si la forma sonata te parece un laberinto, quédate con lo esencial: hay dos temas, el segundo en otra tonalidad, después se juega con ellos y al final vuelven los dos en la tonalidad inicial. Todo lo demás son matices.
Criterio para superarla
Un movimiento clásico con los periodos marcados y el tempo verificado de principio a fin.
3 intentos correctos