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Lección 2 de 6 · Educación auditiva
Dictado rítmico, melódico y a dos voces
Escribir lo que suena con el número mínimo de escuchas.
Nivel 1Rinde pronto
No bloquea tocar, pero es la prueba más habitual en acceso a conservatorio y en oposiciones, y además acelera muchísimo el aprendizaje de repertorio.
Empecemos por lo obvio
Un dictado es escribir música que solo has oído. Suena a prueba imposible y es sobre todo cuestión de método: quien lo hace bien no tiene mejor oído, tiene mejor orden de trabajo.
De fuera hacia dentro, nunca nota a nota
El error universal es empezar por la primera nota e ir avanzando. La memoria auditiva aguanta unos pocos segundos, así que al llegar al cuarto compás ya no queda nada que escribir. El método que funciona es el contrario: primero la estructura general —cuántas frases hay, dónde respira la melodía—, después los puntos de apoyo, que casi siempre son notas del acorde, y al final las notas de paso, que se deducen solas.
Qué hacer en cada escucha
En la primera no se escribe ni una nota: se determina el compás, la tonalidad y el número de frases. En la segunda se dibuja el contorno, con flechas si hace falta, y se fijan las notas largas y las que caen en tiempo fuerte. En la tercera se rellena. Repartir así el trabajo hace que tres escuchas rindan más que seis desordenadas.
El dictado rítmico es otro problema
En el rítmico no hay alturas, así que todo el esfuerzo va a la medida. Conviene escribirlo en dos pasos: primero marcar dónde caen los pulsos y después repartir las figuras dentro de cada pulso. Quien escribe directamente las figuras acaba con compases que no suman, y corregir eso después es más lento que hacerlo bien desde el principio.
A dos voces: el bajo manda
Con dos voces la carga de memoria se dispara, así que se separan. Primero se anota el bajo entero, que suele moverse menos y además define la armonía. Con el bajo escrito ya tienes un marco armónico donde colocar la voz superior, y muchas de sus notas se vuelven predecibles. Intentar las dos a la vez es garantía de perder las dos.
Dónde te lo vas a encontrar tocando
Saber escribir lo que oyes te permite sacar un pasaje de una grabación sin partitura, comprobar si lo que tocas coincide con lo que creías, y entender qué está haciendo la orquesta debajo de tu línea sin abrir la partitura general.
Práctica de dictado, con papel pautado
Práctica de teoría · sin instrumento
Papel pautado o la pantalla, con el número de escuchas limitado desde el principio. Escuchar diez veces no entrena nada.
- Primera escucha sin escribir: compás, tonalidad, número de frases.
- Segunda: contorno y notas de apoyo. Tercera: relleno.
- En el dictado a dos voces, bajo completo antes de tocar la voz superior.
- Comprueba cantando lo que has escrito antes de darlo por terminado.
Cómo se corrige. Señala en qué compás concreto se perdió la tonalidad o la medida, que es mucho más útil que un porcentaje de aciertos.
Curiosidades
Nada de esto hace falta para tocar tu instrumento. Está aquí porque explica el porqué de lo anterior, o porque a mucha gente le pica la curiosidad. Sáltatelo sin ningún problema.
Mozart y el Miserere de Allegri
La historia dice que Mozart, con catorce años, escribió de memoria el Miserere de Allegri después de oírlo una vez en la Capilla Sixtina, donde estaba prohibido copiarlo. La anécdota es cierta en lo esencial, aunque suele olvidarse que la obra es muy repetitiva y que volvió a escucharla para corregir detalles. Sigue siendo un dictado impresionante.
Si te has perdido
Si los ocho compases te superan, haz dictados de dos compases durante dos semanas. Dos compases perfectos enseñan más que ocho a medias, y la longitud se amplía sola.
Criterio para superarla
Un dictado melódico de ocho compases correcto con tres escuchas.
2 intentos correctos