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Lección 1 de 8 · Armonía
Funciones: tónica, subdominante y dominante
Reducir cualquier progresión a sus tres funciones básicas.
Nivel 2Rinde pronto
Es la lección de armonía que más rinde por tiempo invertido: en una tarde cambia cómo oyes todo lo que tocas.
Empecemos por lo obvio
Los siete grados de una escala parecen siete cosas distintas, y en realidad son tres. Esa simplificación no es un atajo para principiantes: es como oyen la armonía los músicos profesionales, y es lo que permite entender una página entera de un vistazo.
Tres sensaciones, no siete acordes
La tónica reposa: es el sitio donde la música quiere acabar. La dominante tensa y pide resolver hacia la tónica. La subdominante aleja de la tónica y prepara la dominante. Esas tres sensaciones son perfectamente reconocibles sin saber nada de cifrado, y cualquiera que haya escuchado música occidental las tiene interiorizadas aunque no sepa nombrarlas.
Los grados que comparten notas comparten función
El sexto grado tiene dos notas en común con la tónica, así que puede sustituirla y producir una sensación parecida de reposo, aunque más débil. El segundo comparte dos notas con el cuarto y puede hacer de subdominante. El tercero es ambiguo y por eso se usa menos. Esta economía reduce de verdad la cantidad de casos que hay que aprender.
La secuencia típica y lo que pasa cuando se rompe
La sucesión habitual es tónica, subdominante, dominante, tónica. Se repite en miles de obras y en prácticamente toda la música popular. Lo interesante de analizar no es comprobar que se cumple, sino localizar los puntos donde no se cumple: ahí suele estar el momento expresivo de la pieza, y casi siempre coincide con el sitio donde el intérprete tiene que hacer algo distinto.
Cómo se analiza en la práctica
Primero se marca con tres letras, T, S y D, debajo de cada acorde, sin cifrar nada. Después se comprueba si la secuencia sigue la lógica habitual. Y solo al final, si hace falta, se cifra con números romanos. Hacerlo al revés, cifrando primero, produce páginas llenas de números que no explican nada.
Dónde te lo vas a encontrar tocando
Saber si estás en zona de tensión o de reposo decide cómo tocas una frase: hacia dónde creces, dónde respiras y dónde relajas. Es la diferencia entre frasear y simplemente tocar las notas seguidas.
Práctica de reducción funcional
Práctica de teoría · sin instrumento
Con partitura y lápiz. Si tienes teclado, toca las progresiones para oír las tres sensaciones antes de etiquetarlas.
- Doce compases de coral. Escribes solo T, S o D debajo de cada acorde.
- Comprueba si la secuencia sigue la lógica habitual y marca dónde se rompe.
- Progresiones con sustituciones: explicas qué función cumple el sexto o el segundo grado.
Cómo se corrige. Compara con la solución y, cuando discrepa, explica por qué ese acorde cumple otra función, que es donde está el aprendizaje.
Curiosidades
Nada de esto hace falta para tocar tu instrumento. Está aquí porque explica el porqué de lo anterior, o porque a mucha gente le pica la curiosidad. Sáltatelo sin ningún problema.
La teoría de funciones es del siglo XIX
Hugo Riemann formuló el sistema de tónica, subdominante y dominante en la década de 1890, cuando la música que describe llevaba dos siglos escribiéndose. Bach no pensaba en estos términos: pensaba en bajo cifrado y en contrapunto. Las teorías suelen llegar después de la práctica, no antes.
Si te has perdido
Si las tres funciones no te entran leyendo, tócalas. Busca un teclado y toca tónica, subdominante, dominante y tónica en do mayor, despacio y muchas veces. La sensación entra por el oído mucho antes que por el papel.
Criterio para superarla
Doce compases reducidos a funciones, coincidiendo con la solución.
2 intentos correctos