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Partes, materiales y cuidados
Conoce tu contrabajo
Contrabajo · mi, la, re, sol
Empecemos por lo obvio
Antes de tocar una sola nota conviene saber qué tienes en las manos. No por cultura general: porque un contrabajo es un objeto delicado que se estropea con facilidad, y porque entender cómo produce el sonido explica la mitad de lo que harás después.
Las partes, una por una
La caja está formada por una tapa armónica, un fondo y unos aros que los unen. Encima van el puente, que sostiene las cuerdas y transmite su vibración a la tapa, y el cordal, que las sujeta por abajo. El mástil lleva pegado el diapasón, que es la superficie negra donde pisan los dedos, y termina en el clavijero con las cuatro clavijas que tensan las cuerdas. Dentro, invisible, hay una varilla llamada alma que conecta tapa y fondo y que define buena parte del sonido.
De qué está hecho y por qué
Abeto y arce como el resto de la familia, aunque muchos contrabajos de estudio se construyen con tapas laminadas, que resisten mucho mejor los golpes y los cambios de humedad a cambio de algo de calidad de sonido. Para empezar, un laminado es una opción perfectamente razonable. Tiene pica como el chelo, y hombros a menudo inclinados para facilitar el acceso al registro agudo.
Las cuerdas
Cuatro cuerdas afinadas por cuartas, no por quintas: mi, la, re y sol. Esa diferencia es práctica: con cuerdas tan largas, las quintas obligarían a estiramientos imposibles. Muchos contrabajos de orquesta añaden una quinta cuerda grave o una extensión mecánica para alcanzar las notas que exige el repertorio romántico.
El arco, que es medio instrumento
La vara es de pernambuco en los buenos y de fibra de carbono en muchos modernos, que son excelentes y más resistentes a la humedad. La crin es cola de caballo, y necesita resina para agarrar la cuerda: sin resina el arco resbala y no suena nada. Se tensa con el tornillo antes de tocar y se destensa siempre al guardar, porque la vara se deforma si se deja tensa.
Lo que hay que saber para no estropearlo
La humedad y los cambios bruscos de temperatura son el enemigo: nunca lo dejes en un coche al sol ni junto a un radiador. Límpialo con un paño seco después de tocar para quitar la resina, que si se seca se adhiere al barniz. No aprietes las clavijas a la fuerza. Y si el puente se inclina hacia el diapasón, que pasa al afinar, enderézalo con cuidado o llévalo al luthier: un puente caído puede romper la tapa.
Lo que hace especial a este instrumento
Suena una octava por debajo de lo escrito, lo que evita llenar la página de líneas añadidas. Es el cimiento de la orquesta y de casi cualquier grupo: cuando el contrabajo no está, se nota aunque no se oyera conscientemente.